Ser madre

3 May 2020 | Maternidad | 0 Comentarios

Hay días que me cuesta ser madre.

Lo elegí yo, con emoción, con ganas, con ilusión. Pero hay días que me sorprendo a mi misma pensando cómo sería mi vida ahora si no hubiera tomado esa decisión.

Me cuesta escribir esto y la culpa ya se me agarra al cuello y se ata fuerte en mi garganta.

Cuando pienso esto me digo “¡Que fuerte Adri! ¿cómo puedes imaginar algo así? el mundo es un lugar mejor porque ella está aquí y lo sabes.” Y sí, lo sé y lo pienso y lo siento. Y la amo, la adoro con toda mi alma y todo mi ser. Pero a veces lo pienso.

Todas las elecciones de nuestra vida suponen una renuncia. Cuando eliges una cosa dejas de elegir las otras. Al menos en el mundo que hemos inventado es así. Tal vez podríamos inventar otro donde no fuera así, pero esto es lo que hay ahora.

No me malinterpretéis, me gusta mi vida. He elegido siempre lo que he querido en cada momento y siempre he sido capaz de dar un paso atrás cuando pensaba que me había equivocado en mi elección. Pero cuando eliges ser madre y te conviertes en madre ya no hay vuelta atrás. Es un punto de no retorno. Por lo que me da miedo sentarme y plantearme la pregunta de ¿si volviera a ese instante de mi vida, elegiría lo mismo?

Aunque la respuesta llega. En mi caso es sí, o al menos en este momento, que la veo dormir en el sofá mientras escribo esto. Oigo su respiración tranquila y me gusta.

Miro al mundo y me aterran tantas cosas. Desde que soy madre tengo más miedo. Tal vez fui irresponsable. Conforme está el mundo, conforme se van a poner las cosas. Nadie nos pregunta si queremos venir. Yo elegí ser madre y no pensé en las consecuencias. En su vida, en lo que podía pasar en el mundo, en lo que puede vivir ella.

No sé si alguien va entender todo esto que siento, aquí, agotada, encerrada en casa durante días con ella. Gestionando caprichos, demandas, necesidades, agobios, risas, sueño, agotamiento… Todo se mezcla dentro mí y la miro pensando si decidí bien en ese momento de mi vida.

Es difícil que alguien pueda entender esto si no soy capaz ni de entenderme yo misma. Lloro de culpa, de rabia, de frustración.

Respiro para que todo se calme y me agarro a lo único que me salva en estos momentos de confusión. Ella. La amo. Y si hubiera elegido diferente en aquel momento no habría conocido lo que se siente al amar de esta manera tan brutal.

Etiquetas: Maternidad.

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Adriana Mondéjar

Creadora de Placentera

Estudios superiores en Biología. Terapeuta holística con estudios superiores en Medicina Tradicional China, especialista en acupuntura y qi gong. Especializada en la mujer, sus ciclos, sus fases vitales y sus desequilibrios.

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